CRONICAS
IQUEÑAS
CUANDO LA
TINGUIÑA SE PUSO DE PIE
Escribe: Juan
Carlos Romaní Chacón
La imagen de una mujer tinguiñana,
vistiendo una ropa ajada por el maltrato del tiempo, sosteniendo en brazos a su
pequeña hija, y sujetando una bolsita de sal y un sobresito de té filtrante; fue
una imagen que conmovió al entusiasta locutor, que forzando su garganta, no
pudo sino lanzar al viento, estas rotundas palabras:
¡¡CON
TU POBREZA, CON TU HUMILDAD, ESTAMOS FORMANDO UNA GRAN AYUDA HUMANITARIA PARA
LOS DAMNIFICADOS DE NASCA. GRACIAS POR TU COLABORACION, GRACIAS POR TU APOYO
VOLUNTARIO!!
... Y la unidad móvil de la
Municipalidad de La Tinguiña, prosiguió la marcha lenta y pausada, con el
susurro del motor acompasando el eco de los altavoces. Trabajar en equipo era
la fórmula para seguir recolectando ayuda.
Rubén Velásquez, el alcalde tinguiñano,
coordinaba acciones para contratar una movilidad para el viaje relámpago;
Sobeida Altamirano, su señora esposa, no escatimaba esfuerzo alguno para
seleccionar la ayuda recolectada y empaquetarla con la ayuda de las esposas de
los regidores, funcionarios y trabajadores municipales. Humberto Gómez,
teniente alcalde, era el jefe de operaciones, y ya estaban preparando los
carteles con mensajes de solidaridad para el pueblo nasqueño que esperaba la
ayuda de Ica, del Perú y del mundo.
Aquella humilde mujer que salió de
su adusta vivienda, se acercó a la camioneta y entregó su donativo con un aire
solemne y orgulloso. Había roto aquella imagen prefabricada, en donde los ricos
son los únicos que apoyan o ayudan cuando quieren. Jamás como ese día, viernes
15 de noviembre de 1996, la pobreza de un pueblo se juntó como un puñado de
granos de maíz y se la entregó a un modesto poblador nasqueño.
La zona baja de La Tinguiña, una hora
antes, muy temprano (7 am) había reunido un gran cargamento. La unidad
móvil regresó al local central del
municipio, descargó lo recolectado para que sea seleccionado y debidamente
empaquetado; y prosiguió con su marcha rumbo a la zona alta del cercado de La
Tinguiña.
El sol iqueño asomaba entre los
contrafuertes tinguiñanos y con los rayos solares que se filtraban por el
parabrisas de la camioneta, el locutor continuó taladrando los oídos de miles
de tinguiñanos, que asomaban sus cabezas por las ventanas de sus casas para
inmediatamente esconderlas. Otros, en pijama y con algunas legañas por adorno,
ya esperaban con su bolsa de víveres y otros con sus frazadas bien amarradas.
Muchas bodeguitas, muchos
comerciantes y panaderos, no se escondieron ni se asustaron ante el llamado de
la solidaridad. Ellos sí dieron la cara y dijeron: LA TINGUIÑA ESTA PRESENTE,
ESTA ES MI AYUDA... !!
Y al promediar las 11:45 am, luego
de 4 horas llenas de emoción, sudor y con la garganta pidiendo a gritos un vaso
de agua, retornaron al local central de la municipalidad, ubicado en la hermosa
y radiante Plaza de Armas del distrito; un grupo de soldados investidos de
voluntad, para ayudar a los damnificados del sur. La “combi” repleta con la
ayuda recolectada el día anterior, esperaba a los entusiastas colaboradores que
habían reunido, a punta de caminata y griterío, una considerable cantidad de
ayuda humanitaria.
Horas después, atravesando el
tablazo de Ica y el omnipotente túnel de Santa Cruz, la comitiva llegó a Nasca,
observando por las ventanillas de la combi, como la gente cocinaba fuera de sus
casas, con todos sus enseres y muebles recalentándose con el inclemente sol
nasqueño. Por las calles totalmente llenas de damnificados pidiendo ayuda, con
paredes a punto de colapsar, la combi de color blanco, color de la paz y la
esperanza, fue ovacionada por los pobladores que sonreían a la adversidad y
aplaudían el gesto de un distrito iqueño, que portando su pequeño pero
significativo donativo, se hacía presente en Nasca y se aprestaba a entregar la
ayuda ofrecida.
Nasca es una provincia eminentemente
agrícola y minera formada por cinco distritos: Nasca, Changuillo, El Ingenio,
Vista Alegre y Marcona. La ayuda proveniente de Lima se estaba concentrando en
el cercado de Nasca y luego de un rápido
recorrido, la comitiva tinguiñana comprobó que en Vista Alegre había mayor daño
y destrucción causado por el terremoto.
La suerte de encontrar reunidos en
el centro de operaciones a los representantes de tres distritos afectados,
abrevió el laberinto burocrático al cual parecían caer los tinguiñanos que
venía a ayudar.
Víctor Loayza, alcalde Changuillo;
Santiago De la Cruz, alcalde de Vista Alegre, y Raúl Navarrete, regidor de El
Ingenio, inmediatamente acordaron con la alcaldesa de Nasca, señora Lucy
Torres, recibir la ayuda tinguiñana de manos del alcalde Rubén Velásquez y enseguida
distribuirla a los distritos mencionados, que sufrían todo tipo de carencias.
Dieciocho sacos de ropa usada, cajas
de medicinas y víveres fueron repartidas en forma equitativa. La visita a Vista
Alegre por invitación de su alcalde, fue una lección de coraje y voluntad de
aquellos pobladores que en largas cuadras, con sus viviendas totalmente
inhabitables, esperaban ayuda de toda clase.
El retorno a Ica, fue una sucesión
de imágenes en donde aquella mujer humilde, cargando a su hija y entregando su
donativo, era la mejor recompensa a tanto esfuerzo por llevar algo, a los
damnificados de Nasca. Su donativo había llegado, tan sólo en un lapso de tres
horas.
Los hercúleos ficus de la Plaza de
Armas, añejos como dos guardianes celosos de su adorada Tinguiña, contemplan a
los viajeros que regresan en aquella combi blanca, y parecen murmurar entre
ellos... LA TINGUIÑA SE PUSO DE PIE.

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