domingo, 26 de abril de 2020

Crónicas Iqueñas: Cuando La Tinguiña se puso de pie


CRONICAS IQUEÑAS


CUANDO LA TINGUIÑA SE PUSO DE PIE

Escribe: Juan Carlos Romaní Chacón


            La imagen de una mujer tinguiñana, vistiendo una ropa ajada por el maltrato del tiempo, sosteniendo en brazos a su pequeña hija, y sujetando una bolsita de sal y un sobresito de té filtrante; fue una imagen que conmovió al entusiasta locutor, que forzando su garganta, no pudo sino lanzar al viento, estas rotundas palabras:

¡¡CON TU POBREZA, CON TU HUMILDAD, ESTAMOS FORMANDO UNA GRAN AYUDA HUMANITARIA PARA LOS DAMNIFICADOS DE NASCA. GRACIAS POR TU COLABORACION, GRACIAS POR TU APOYO VOLUNTARIO!!

            ... Y la unidad móvil de la Municipalidad de La Tinguiña, prosiguió la marcha lenta y pausada, con el susurro del motor acompasando el eco de los altavoces. Trabajar en equipo era la fórmula para seguir recolectando ayuda.

Rubén Velásquez, el alcalde tinguiñano, coordinaba acciones para contratar una movilidad para el viaje relámpago; Sobeida Altamirano, su señora esposa, no escatimaba esfuerzo alguno para seleccionar la ayuda recolectada y empaquetarla con la ayuda de las esposas de los regidores, funcionarios y trabajadores municipales. Humberto Gómez, teniente alcalde, era el jefe de operaciones, y ya estaban preparando los carteles con mensajes de solidaridad para el pueblo nasqueño que esperaba la ayuda de Ica, del Perú y del mundo. 

            Aquella humilde mujer que salió de su adusta vivienda, se acercó a la camioneta y entregó su donativo con un aire solemne y orgulloso. Había roto aquella imagen prefabricada, en donde los ricos son los únicos que apoyan o ayudan cuando quieren. Jamás como ese día, viernes 15 de noviembre de 1996, la pobreza de un pueblo se juntó como un puñado de granos de maíz y se la entregó a un modesto poblador nasqueño.

            La zona baja de La Tinguiña, una hora antes, muy temprano (7 am) había reunido un gran cargamento. La unidad móvil  regresó al local central del municipio, descargó lo recolectado para que sea seleccionado y debidamente empaquetado; y prosiguió con su marcha rumbo a la zona alta del cercado de La Tinguiña.

            El sol iqueño asomaba entre los contrafuertes tinguiñanos y con los rayos solares que se filtraban por el parabrisas de la camioneta, el locutor continuó taladrando los oídos de miles de tinguiñanos, que asomaban sus cabezas por las ventanas de sus casas para inmediatamente esconderlas. Otros, en pijama y con algunas legañas por adorno, ya esperaban con su bolsa de víveres y otros con sus frazadas bien amarradas.

            Muchas bodeguitas, muchos comerciantes y panaderos, no se escondieron ni se asustaron ante el llamado de la solidaridad. Ellos sí dieron la cara y dijeron: LA TINGUIÑA ESTA PRESENTE, ESTA ES MI AYUDA... !!

            Y al promediar las 11:45 am, luego de 4 horas llenas de emoción, sudor y con la garganta pidiendo a gritos un vaso de agua, retornaron al local central de la municipalidad, ubicado en la hermosa y radiante Plaza de Armas del distrito; un grupo de soldados investidos de voluntad, para ayudar a los damnificados del sur. La “combi” repleta con la ayuda recolectada el día anterior, esperaba a los entusiastas colaboradores que habían reunido, a punta de caminata y griterío, una considerable cantidad de ayuda humanitaria.

            Horas después, atravesando el tablazo de Ica y el omnipotente túnel de Santa Cruz, la comitiva llegó a Nasca, observando por las ventanillas de la combi, como la gente cocinaba fuera de sus casas, con todos sus enseres y muebles recalentándose con el inclemente sol nasqueño. Por las calles totalmente llenas de damnificados pidiendo ayuda, con paredes a punto de colapsar, la combi de color blanco, color de la paz y la esperanza, fue ovacionada por los pobladores que sonreían a la adversidad y aplaudían el gesto de un distrito iqueño, que portando su pequeño pero significativo donativo, se hacía presente en Nasca y se aprestaba a entregar la ayuda ofrecida.

            Nasca es una provincia eminentemente agrícola y minera formada por cinco distritos: Nasca, Changuillo, El Ingenio, Vista Alegre y Marcona. La ayuda proveniente de Lima se estaba concentrando en el cercado de Nasca  y luego de un rápido recorrido, la comitiva tinguiñana comprobó que en Vista Alegre había mayor daño y destrucción causado por el terremoto.

            La suerte de encontrar reunidos en el centro de operaciones a los representantes de tres distritos afectados, abrevió el laberinto burocrático al cual parecían caer los tinguiñanos que venía a ayudar.

            Víctor Loayza, alcalde Changuillo; Santiago De la Cruz, alcalde de Vista Alegre, y Raúl Navarrete, regidor de El Ingenio, inmediatamente acordaron con la alcaldesa de Nasca, señora Lucy Torres, recibir la ayuda tinguiñana de manos del alcalde Rubén Velásquez y enseguida distribuirla a los distritos mencionados, que sufrían todo tipo de carencias.

            Dieciocho sacos de ropa usada, cajas de medicinas y víveres fueron repartidas en forma equitativa. La visita a Vista Alegre por invitación de su alcalde, fue una lección de coraje y voluntad de aquellos pobladores que en largas cuadras, con sus viviendas totalmente inhabitables, esperaban ayuda de toda clase.

            El retorno a Ica, fue una sucesión de imágenes en donde aquella mujer humilde, cargando a su hija y entregando su donativo, era la mejor recompensa a tanto esfuerzo por llevar algo, a los damnificados de Nasca. Su donativo había llegado, tan sólo en un lapso de tres horas.

            Los hercúleos ficus de la Plaza de Armas, añejos como dos guardianes celosos de su adorada Tinguiña, contemplan a los viajeros que regresan en aquella combi blanca, y parecen murmurar entre ellos... LA TINGUIÑA SE PUSO DE PIE.   

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